Ciudad Juárez, Chihuahua – El caso del pequeño Eitan Daniel ha conmocionado a toda la frontera y al país. El cuerpo sin vida del bebé de un año y seis meses fue encontrado la noche del 10 de marzo de 2026 dentro de un costal y envuelto en una cobija, abandonado en un terreno baldío de la colonia Kilómetro 27, sobre la carretera a Casas Grandes. Presentaba golpes en la cabeza, signos de desnutrición y maltrato extremo.
Tras días de investigación, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE) y la Fiscalía General del Estado confirmaron la identidad del menor y detuvieron el 19 de marzo a cinco integrantes de su familia: la madre Vianey Esmeralda H. G. (23 años), el padre Brayan Gabriel S. A. (originario de El Paso, Texas, con antecedentes por delitos contra la salud), la abuela materna Erika (44 años), la bisabuela Valeria (70 años) y el tío Rosendo (48 años). Todos fueron presentados ante la Fiscalía por delitos contra la salud y resistencia, mientras se investiga el infanticidio.
De acuerdo con las primeras pesquisas, el crimen ocurrió en la vivienda familiar ubicada en la calle 2109 Durazno, colonia Fronteriza Baja. La madre habría golpeado al niño en la cabeza dentro del baño y, para ocultar el cuerpo, lo metió en un costal, subió a un camión y recorrió varios kilómetros hasta tirarlo en el desierto. Las autoridades revelaron que Eitan vivía en condiciones infrahumanas: estaba atado por largos periodos, sufría golpizas constantes y desnutrición. En la misma casa se localizó a su hermanito de dos años y siete meses, quien fue puesto bajo custodia del DIF.
El caso ha generado una ola de indignación en redes y en las calles de Juárez. Vecinos y activistas exigen justicia inmediata y castigos ejemplares. “No podemos permitir que sigan pasando estas barbaridades contra los niños”, declaró Gilberto Loya Chávez, secretario de Seguridad Pública, en conferencia.
Mientras la Fiscalía avanza en las investigaciones para determinar responsabilidades exactas (algunos familiares podrían ser liberados, pero la madre es la principal sospechosa), el pequeño Eitan ya descansa en paz. Su historia es un doloroso recordatorio de que el silencio y la indiferencia pueden costar vidas inocentes.
