Más de 190 mil fieles participan en la XXXIV Procesión de Viernes Santo en Puebla

Este viernes 3 de abril de 2026, la capital poblana vivió una de sus tradiciones religiosas más profundas y multitudinarias: la XXXIV Procesión de Viernes Santo, también conocida como la Procesión del Silencio o Viacrucis Viviente.

Desde temprano por la mañana, siete imágenes religiosas emblemáticas salieron de sus respectivos templos para concentrarse en el atrio de la Catedral de Puebla. A las 12:00 horas inició el solemne recorrido por las principales calles del Centro Histórico, con una asistencia estimada de más de 190 mil fieles, turistas y devotos, según informaron autoridades municipales y eclesiásticas.

Las imágenes que participaron en esta emotiva manifestación de fe incluyen al Cristo de la Expiración, Jesús de la Misericordia, la Virgen de los Dolores, Jesús de las Tres Caídas, la Virgen de la Soledad y otras representaciones tradicionales que acompañan el camino hacia el Calvario. El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, encabezó la procesión y dirigió momentos de reflexión en puntos clave del recorrido.

El trayecto inició por la calle 16 de Septiembre, continuó por Avenida Palafox y Mendoza, 2 Norte, 4 Oriente, subió hacia la 11 Norte (Paseo Bravo) y pasó por el Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, donde se realizó una segunda estación. Luego descendió por Avenida Reforma (en completo silencio entre 7 y 9 Norte), regresando finalmente al atrio de la Catedral alrededor de las 15:00 horas para las oraciones finales.

La procesión se caracterizó por el respeto y el recogimiento: miles de personas acompañaron las imágenes en silencio o con oraciones, mientras porteadores cargaron con devoción las pesadas andas. Autoridades implementaron un amplio operativo de seguridad con más de 400 elementos, cierres viales desde las 7:00 horas y apoyo médico.

Esta tradición, que cumple 34 años, se consolida como una de las más importantes de México y América Latina, atrayendo visitantes de todo el país que viven de cerca el dolor y la esperanza del Viernes Santo.

En un día marcado por la solemnidad, Puebla recordó el sacrificio de Cristo a través de sus calles empedradas, uniendo fe, historia y comunidad en una sola procesión que permanece viva en el corazón de los poblanos.