Tras rechazo constitucional, llega el Plan B: menos derroche, más democracia

Por Aline Vizcaíno

Tras el durísimo golpe del miércoles 11 de marzo de 2026, cuando la Cámara de Diputados rechazó su reforma electoral constitucional por falta de mayoría calificada (solo 259 votos a favor), la presidenta Claudia Sheinbaum no se quedó de brazos cruzados. Apenas 24 horas después, en su conferencia mañanera del jueves 12, anunció que ya tiene listo el famoso “Plan B”: una nueva iniciativa que enviará al Congreso el lunes 16 de marzo.

Según la propia mandataria, “no es una derrota, todos sabíamos que no se iba a aprobar”, pero el objetivo sigue intacto: reducir privilegios de partidos y autoridades electorales para que el dinero llegue al pueblo.

A diferencia del Plan A (que requería cambiar la Constitución y necesitaba 2/3 de los votos), este Plan B se basa exclusivamente en reformas a leyes secundarias y reglamentos, por lo que bastará con mayoría simple. Eso significa que Morena y sus aliados podrán aprobarlo sin depender del PVEM ni del PT, que le fallaron en la votación anterior. Expertos explican que este camino “light” permitirá avanzar en recortes al Instituto Nacional Electoral (INE), cambios en la representación proporcional y hasta reglas sobre el uso de inteligencia artificial en campañas, sin necesidad de tocar la Carta Magna.

Los ejes principales del Plan B, según lo adelantado por Sheinbaum y confirmado en reuniones con Morena, PT y PVEM, son tres: poner topes duros a los gastos “faraónicos” de congresos locales y ayuntamientos (se habla de ahorrar al menos 4 mil millones de pesos), reducir el número de regidores y síndicos en municipios, y fortalecer las consultas populares para temas electorales, como bajar el financiamiento a partidos o adelantar la revocación de mandato al tercer año (2027) en vez de esperar hasta 2028. “El pueblo ya está harto de tanto privilegio”, dijo la presidenta, y aseguró que el objetivo sigue siendo “reducir costos electorales en un 25% y que la gente decida más”.

Sheinbaum insistió en que este Plan B mantiene el espíritu transformador: acabar con sueldos millonarios de diputados locales, eliminar viáticos excesivos y obligar a que el presupuesto electoral se destine a necesidades reales como salud, educación e infraestructura. El enfoque ahora es más “local” que federal, lo que facilita su aprobación y evita el bloqueo opositor en la Cámara. Además, abre la puerta a que los ciudadanos voten directamente sobre recortes al INE y a los partidos a través de consultas populares, algo que Morena celebra como mayor democracia participativa.

El lunes se conocerán los detalles completos cuando llegue la iniciativa al Congreso. Mientras tanto, la oposición ya critica que sea un “plan maquillado” y advierte que buscará amparos, pero Sheinbaum se muestra optimista: “Vamos a seguir reduciendo privilegios porque el pueblo lo exige”. Este movimiento marca el primer gran revés legislativo de su gobierno y deja claro que la presidenta no se rinde: con Plan B o sin él, la reforma electoral sigue en marcha. México está atento a lo que venga el próximo lunes.