A partir del 3 de noviembre, en primarias y secundarias de México el teléfono podrá ir en la mochila, pero no encenderse ni en clase ni en el recreo.
Así lo anunciaron la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Educación, Mario Delgado, tras el acuerdo unánime del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (Conaedu) del 18 de septiembre. La medida cubre escuelas públicas y privadas. Sheinbaum prefirió no llamarla “prohibición”, sino una orientación para cuidar la atención y la salud mental.
Las excepciones: emergencia, salud, discapacidad o una actividad pedagógica autorizada.
En media superior cada plantel armará sus propias reglas con la comunidad. Las universidades conservan autonomía. Octubre será de asambleas con maestros, madres, padres y alumnos.
La SEP prometió más de 16 millones de guías y la estrategia “El ABC de las Emociones” para adolescentes de 14 a 18 años. Una encuesta entre más de 565 mil docentes —dijo Delgado— arrojó que el 81% apoyaba regular el celular en el aula. El acuerdo se publicó en el Diario Oficial; la vigencia, el martes 3 de noviembre.
El gobierno argumenta adicción a redes, distracción y daño cognitivo. Cita fallos en Estados Unidos sobre el diseño de plataformas. Delgado pidió a las familias no tomarlo como un recorte de libertad, sino como un apoyo al aula. Los maestros podrán flexibilizar en casos puntuales; no para “distracciones”, sí para una urgencia.
La aplicación se revisará cada seis meses.
Queda lo difícil: vigilar millones de salones sin convertir al docente en policía de mochilas, y distinguir el celular de emergencia del que se esconde bajo el pupitre. El recreo, dicen en Palacio, debe volver a ser patio, no timeline. El 3 de noviembre se verá si la regla cabe en la vida real o se queda en el DOF.
